Apenas recuerdo la última vez que cruzamos unas palabras. Apenas unas migajas de lo que una vez tuvimos. Recuerdo cuando te conocí. Te saludé dispuesta a entablar amistad, como hacía con el resto. Desde el prinicpio fuiste uno de esos a los que podía picar y hacer bromas, era genial cuando salíamos los 4 colegas y nos pasábamos horas y horas hablando por la noche. Tal vez eso nunca debió cambiar.
Por alguna extraña razón, algo te empujó a intentar algo más que amistad. Alguien debería haberte explicado que amar en ese sentido no estaba hecho para mí, que buscaras a otra. Pero, por alguna otra extraña razón, tras seguir el juego de unos pocos besos, al pedirme más no sé por qué, pero me lancé a esa piscina donde no debía nadar. Supongo que siempre me ha gustado el riesgo y, aunque sabía que no era lo mío, al menos quería probarlo.
No diré que me arrepienta de todos esos momentos, no puedo. Llegué a admitir que no estaba mal. Recuerdo que la primera vez que dijiste "mi chica", lo repetí mentalmente y decidí que me gustaba como sonaba. Sonreí. Y decidí intentar darte una parte de mí que sabía que no podía, quería cambiar eso, o al menos intentarlo.
El resto, lo que hubo en medio, en realidad no importa para ponerlo aquí. Guardo recuerdos buenos, otros no tan buenos, otros malos, y un final que llevaba esperando mucho antes. No porque fuera una pesimista, sino porque en esto era bastante realista. Yo no podía amarte como tú esperabas que lo hiciera. Yo tampoco quería amarte como tú querías.
Sin embargo, ese final dejó un sabor amargo en mi boca. Podían darte ellas lo que querías? Querías tenerlas a tu merced, que bebieran los vientos por ti, que suspiraran por un beso tuyo. Querías dejar tu marca en ellas, como, estúpidamente, una vez me dejé hacer. Pero tu marca en mi piel ya no está, la prueba del "chico malo" que era demasiado posesivo, quedó oculta tras unas líneas de tinta, que me recuerdan que la gente que depende tanto de alguien, en realidad no vive su vida, camina los pasos que otro le marca.
Recuerdo haberme reído y llamado a mí misma gilipollas. Cuando ya no era un nosotros, ni siquiera un tú y yo como algo especial, aún intenté que fuéramos amigos. Al principio apenas me hablabas, luego estuvimos bien, y definitivamente estaba claro que funcionábamos mejor como amigos que como pareja, y luego... me ignoraste por completo. Ahí me llamé gilipollas. Porque, donde yo me esforzaba por no perderte como amigo, en realidad yo no te importaba en absoluto.
Y lo que realmente me jodía no es perderte como novio, sino como amigo. Ese chico que conocí una noche y me hizo plantearme intentar compartir un poco más mi corazón.
Donde hubo algo que no se puede expresar con una simple palabra, ahora no queda nada. Todo se lo llevó el viento.
L-O-V-E is just another word I've never learned to pronounce.